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Carlos II

  Durante el reinado del llamado Rey Planeta, Felipe IV, las constantes guerras en Europa condujeron al declive de la monarquía hispánica, que hubo de ceder su hegemonía a la pujante Francia de Luis XIV, el Rey Sol, y reconocer la independencia de Portugal y los Países Bajos Españoles.

  El prolífico Felipe IV –además de ocho hijos extramatrimoniales- tuvo con su primera esposa, Isabel de Borbón hija del Rey de Francia, seis hijas y un hijo, Baltasar Carlos, que murió de viruela con 16 años. Tras la muerte de Isabel se casó de nuevo con su sobrina Mariana de Austria y de esta unión nacieron cinco hijos, primero dos niñas y después tres varones. Éstos fueron Felipe Próspero, que fue el siguiente Príncipe de Asturias; Fernando Tomás, que murió al año siguiente de nacer, y Carlos. Pero las esperanzas depositadas en Felipe Próspero se vieron truncadas en 1661, cuando el niño falleció prematuramente con sólo tres años y a escasos días del nacimiento de su hermano menor el príncipe Carlos, futuro Carlos II. Al fallecer Felipe IV en 1665, Mariana se convirtió en regente hasta la mayoría de edad del príncipe Carlos en 1675.

  Carlos II de Austria, el Hechizado, fue el último rey de España de la Casa de Austria. Su lamentable estado físico, que se atribuía a la brujería e influencias diabólicas, más parece debido a los sucesivos matrimonios consanguíneos de la familia real, que le produjeron tal degeneración que Carlos creció raquítico, enfermizo y de corta inteligencia además de estéril, lo que acarreó una compleja red de intrigas palaciegas en torno a su sucesión. Su incapacidad para gobernar personalmente puso el ejercicio del poder en manos de su esposa, la reina Mariana de Neoburgo, aconsejada por el arzobispo de Toledo, el cardenal Luis Fernández de Portocarrero.

  En la última década del siglo XVII se extendió en la corte de Madrid una opinión favorable a que se convocaran las Cortes de Castilla para que resolvieran la cuestión sucesoria si el rey Carlos II, como era previsible, moría sin descendencia. Sin embargo, se impuso la posición que defendía que era el rey quien en su testamento debía resolver la cuestión. Así, cuando en 1696 Carlos II testó a favor de su sobrino nieto José Fernando de Baviera, se formó en la corte un partido, que contaba con el apoyo de la reina, para presionar al rey y que cambiara su testamento a favor del Archiduque Carlos de Austria. Frente a ellos se alzaban los partidarios del pretendiente francés, Felipe de Anjou.

  La cuestión sucesoria se convirtió en una grave crisis política a partir de febrero de 1699 cuando se produjo la muerte del candidato escogido por Carlos II, José Fernando de Baviera con siete años de edad. El “partido francés” acabaría ganándole la partida al “partido alemán” gracias, entre otras razones, a la eficaz gestión del embajador Harcourt –que no excluyó el soborno entre la Grandeza de España– frente al ineficaz embajador austríaco Aloisio de Harrach, cuyas relaciones con la reina, por si fuera poco, nunca fueron buenas. Mientras, Carlos II era sometido a exorcismos para librarse de supuestos hechizos.

  Así pues, Carlos II, persuadido también de que la “opción francesa” era la mejor para asegurar la integridad de la «monarquía católica» y de su Imperio testó el 2 de octubre de 1700, un mes antes de su muerte, a favor de Felipe de Anjou, hijo segundo del Delfín de Francia y nieto de Luis XIV, a quien nombró «sucesor… de todos mis Reinos y dominios, sin excepción de ninguna parte de ellos».

  Carlos II, último de los Habsburgo españoles, falleció el 1 de noviembre de 1700 a los 38 años, aunque aparentaba una mayor edad. Según el médico forense, el cadáver de Carlos «no tenía ni una sola gota de sangre, el corazón apareció del tamaño de un grano de pimienta, los pulmones corroídos, los intestinos putrefactos y gangrenados, tenía un solo testículo negro como el carbón y la cabeza llena de agua».

  El 6 de noviembre la noticia del fallecimiento del rey Carlos II llegó a Versalles. El día 16 Luis XIV anunció que aceptaba lo estipulado en el testamento del rey español. El ya Felipe V de España partió hacia Madrid, a donde llegó el 22 de enero de 1701. La tensión entre Francia y España y el resto de potencias europeas, que ya desde un principio desconfiaban del poder que iban a acumular los Borbones, aumentó debido a una serie de errores políticos cometidos en las cortes de Versalles y Madrid. Austria, que no reconocía a Felipe V como rey envió un ejército hacia los territorios españoles en Italia, sin previa declaración de guerra. El primer encuentro entre este ejército y el francés se produciría en Carpi el 9 de julio. El 7 de septiembre Inglaterra, las Provincias Unidas de los Países Bajos y Austria firmaron el Tratado de La Haya y en mayo de 1702 todos declaraban la guerra a Francia y España, comenzando así la Guerra de Sucesión Española que dejó como principal consecuencia la instauración de la Casa de Borbón en el trono de España.

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