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El Castillo de Olite

El Castillo de Olite

  Tras la derrota en batalla del Ebro a finales de 1938, buena parte de los oficiales republicanos, con el coronel Segismundo Casado al frente, pensaron que la guerra estaba perdida y que había que terminarla mediante un entendimiento entre los militares de ambos bandos, puesto que el presidente Negrín era partidario de mantener la resistencia.

Segismundo Casado

Segismundo Casado

  Casado se entrevistó con el presidente para convencerle de poner fin a la guerra y evitar las represalias de Franco que, en las llamadas “Concesiones del Generalísimo”, había prometido  “benevolencia… mayor cuanto más significados y eficientes sean los servicios que en estos últimos momentos presten a la causa de España”… “tenéis la guerra totalmente perdida. Es criminal toda prolongación de la resistencia. La España nacional exige la rendición”. Franco pretendía la rendición incondicional del “Ejército rojo” y sólo ofrecía benevolencia en las represalias tras la victoria. Pero Negrín se oponía, pues deseaba terminar la guerra sin combatir de manera distinta a la entrega sin condiciones.

  Así pues, Casado reúne con el general Miaja y otros militares y deciden derrocar a Negrín y crear un “Consejo Nacional de Defensa” integrado por militares y por todos los partidos políticos y sindicatos, con excepción del Partido Comunista que, junto con el sector “negrinista” del PSOE, apoyaba al presidente y tampoco era favorable a la rendición.

Juan Negrín

Juan Negrín

  El 27 de febrero de 1939, Francia y Gran Bretaña reconocen al gobierno de Franco en Burgos como el gobierno legítimo de España, tras obtener unas vagas e imprecisas garantías de que no se ejecutaría a los “españoles no delincuentes” y al día siguiente se hacía oficial la renuncia a la Presidencia de la República de Manuel Azaña que se encontraba en Francia. Después de esto la posición de Negrín era insostenible, mientras que quedaba fortalecida la conspiración de Casado para derribar al gobierno de Negrín y eliminar la influencia del PCE, principales obstáculos para el fin negociado de una guerra que ya se consideraba perdida.

  El domingo 5 de marzo de 1939 comienza el golpe de Casado en Madrid. El jueves anterior, el almirante Buiza, jefe de la flota republicana, había convocado en Cartagena a mandos y delegados políticos de la flota para para informarles de la inminente constitución del Consejo Nacional de Defensa que iba a sustituir por la fuerza al gobierno.

  El presidente Negrín, ese mismo jueves 2, había nombrado al coronel Francisco Galán, veterano militante comunista que había combatido en la campaña de Cataluña, nuevo jefe de la base naval de Cartagena en sustitución del general Carlos Bernal. El viernes 3 de marzo de 1939 el presidente mandó a Paulino Gómez Sáenz, ministro de la Gobernación, a Cartagena para informar a los mandos militares y navales que la resistencia aún era posible y que, en esa lógica, era preciso designar a Francisco Galán como jefe de la base naval de Cartagena. Pero los argumentos de Gómez fueron rechazados, por lo que Negrín decidió que la Brigada Mixta 206, de filiación comunista, perteneciente al Ejército de Levante y con base en Buñol (Valencia), acompañara a Galán a tomar posesión de su nuevo destino como jefe de la base naval de Cartagena.

  En Cartagena, además de la de los militares y marinos republicanos “casadistas”, estaba organizada otra conjura dirigida por militares y civiles con vinculación franquista que pretendían entregar la base y la flota a Franco. Cartagena vivía un estado de tensión constante debido a la forzosa inacción de la flota republicana, lo que explicaría el fuerte crecimiento de simpatizantes derechistas que ambicionaban la toma de la base naval para ponerla al servicio del bando nacional.

Cartagena republicana

Madrid, proclamación de la Segunda República

  En la noche del sábado 4 de marzo estalla la sublevación en Cartagena dirigida por el capitán de navío Fernando Oliva, jefe de Estado Mayor de la base, el coronel de artillería Gerardo Armentia y el comandante Manuel Lombardero. Oliva se dirige a la comandancia y allí arresta a Francisco Galán, que acababa de relevar al general Bernal en el mando de la base, y le exige dimitir.

  Pero a lo largo de la madrugada del 5 de marzo el cariz de la revuelta cambia. Los oficiales republicanos se ven superados por los elementos más proclives al bando franquista, como el teniente coronel Arturo Espá que se había apoderado de las baterías de costa, los cuales empiezan a transmitir por radio consignas y lemas del bando nacional, proclamando que la base naval de Cartagena y el puerto obedecían al gobierno de Burgos. Del mando de la base se había hecho cargo, hacia las siete de la mañana del domingo 5, el general de infantería de marina en la reserva Rafael Barrionuevo, jefe de las fuerzas “profranquistas”, teniendo como segundo al capitán de navío Fernando Oliva.

  A media mañana del domingo 5 se conocía en Burgos el carácter profranquista del levantamiento de la base naval de Cartagena. Inmediatamente, el estado mayor franquista determinó que zarparan desde Castellón y Málaga más de 30 buques, entre transportes y buques de guerra, que debían transportar a más de 20.000 hombres a Cartagena. A las 10,30 horas la aviación franquista bombardeaba a los barcos de la flota republicana, alcanzando a dos de los destructores más viejos.

  Casi al mismo tiempo que se producía el bombardeo de la flota, el general Barrionuevo, jefe de las fuerzas “profranquistas” que se habían apoderado de la base naval, lanzó un ultimátum a la flota republicana allí amarrada: si no zarpaba antes de las 12.30 horas sería cañoneada por las baterías de costa. Los oficiales de los barcos se reunieron en el crucero Miguel de Cervantes, con el jefe de la flota, Buiza, y con el comisario general de la escuadra, el socialista Bruno Alonso y decidieron abandonar Cartagena de cuyo puerto zarparon poco antes de que se cumpliera el plazo (a bordo iban unos setecientos refugiados civiles y militares).

  Así, Cartagena, a mediodía del domingo 5 de marzo, había quedado en poder de los partidarios de Franco y la flota ya no se encontraba allí, lo que se comunicó al gobierno de Burgos. Tres horas después el Cuartel General de Franco contestaba que “importantes refuerzos” serían desembarcados en Cartagena para asegurar el control de la plaza, sin que Burgos conociera que a esas horas de la tarde la Brigada Mixta 206 republicana había entrado en la ciudad, había ocupado la Jefatura de Intendencia de la Armada, situada en el centro, y había comenzado el ataque a los principales baluartes de los rebeldes “profranquistas”: el Parque de Artillería, el Arsenal y la Capitanía de la Base.

  Pasada la medianoche, los jefes de la Brigada Mixta 206 supieron que el golpe de Casado se había consumado en Madrid y que se había formado un Consejo Nacional de Defensa, pero decidieron seguir combatiendo para reconquistar Cartagena, dado su alto valor estratégico para una acción de resistencia o para la evacuación de los que no creyeran en las promesas de “benevolencia” del “Generalísimo” Franco. Al anochecer del lunes 6 de marzo, la Brigada Mixta se había hecho con el Arsenal, con algunas baterías costeras y con el suministro de energía eléctrica y la central telefónica y ya tan solo resistían unos pocos edificios.

  Mientras tanto, a lo largo de ese lunes 6 de marzo, los buques franquistas con las fuerzas de desembarco se habían ido reuniendo frente a Cartagena, pero comprobaron enseguida que la situación no era segura pues una de las baterías de costa, La Parajola, que dominaba el antepuerto y el mar, había disparado contra los transportes Mar Negro y Mar Cantábrico. Así que aquella noche la flota de desembarco quedó a la expectativa. A las siete de la mañana del día siguiente, martes 7, al comprobar que la resistencia de los sublevados se había derrumbado y que la base estaba casi completamente controlada por la Brigada Mixta 206, se decidió abandonar el desembarco y regresar a los puertos de origen.

  Hacia las diez de la mañana del martes 7 de marzo cae en poder de la Brigada 206 el Parque de Artillería, donde muere el coronel Armentia y poco después se hace con el control de las últimas baterías costeras que todavía estaban en manos de los insurrectos. A primeras horas de la tarde la Brigada ya se había hecho con el control absoluto de toda Cartagena y sus instalaciones militares. Se hicieron unos 300 prisioneros, entre ellos el general Barrionuevo y otros muchos miembros profranquistas.

  Cuando se ordenó a los buques franquistas abandonar la operación de desembarco no todos los transportes habían llegado a Cartagena, por lo que el jefe de la expedición, el contraalmirante Francisco Moreno Fernández, ordenó a los barcos que regresaban a su puertos de origen que se comunicaran mediante señales ópticas con aquellos buques que no contasen con radio. Pero el Castillo de Olite, que tenía la radio estropeada, no recibió ningún mensaje de que volviera a puerto así que continuó hacia el puerto de Cartagena. Al acercarse a la bocana observa que en los edificios de la ciudad ondea la bandera tricolor republicana, produciéndose un gran desconcierto en el puente de mando del navío mercante. Los militares dentro del Castillo de Olite están todavía discutiendo cuando escuchan un primer disparo procedente de uno de los 3 cañones Vickers de la batería de defensa costera. El buque intenta maniobrar pero es demasiado tarde cuando, tras unos cuantos disparos de la batería de costa La Parajola, al mando del capitán Antonio Martínez Pallarés, un proyectil alcanza la santabárbara del Castillo de Olite y lo hace estallar, hundiéndose rápidamente el buque. Con 2.112 hombres a bordo que esperaban desembarcar en Cartagena, 1.476 morirán, 342 quedaron heridos y 294 hechos prisioneros. El Castillo de Olite transportaba tropas llevadas desde Castellón cuyos efectivos eran dos batallones de Infantería, un grupo de Sanidad, un grupo de Artillería y un Tribunal Militar. El Castillo de Peñafiel, otro buque “nacional” que no pudo ser avisado a tiempo de la suspensión del desembarco, fue alcanzado por un disparo de la misma batería, pero pudo volver a su base de Ibiza por sus propios medios.

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