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la nueva escuela

Eran los tiempos en los que se decía que el verso y la letra con sangre entra o que quien bien te quiere te hará llorar, tiempos grises en los cuales los hijos de los obreros se tenían que conformar con la enseñanza primaria en la mayoría de los casos siendo escasos aquéllos que llegaban a la universidad, tiempos en los cuales la religión y el Espíritu Nacional del Movimiento eran las asignaturas más importantes. Todos debíamos ser buenos cristianos y sobre todo buenos patriotas… Para lo primero se rezaba todos los días al empezar la mañana y en la hora del “ángelus”, y para lo segundo estaba el machaconeo constante, el adoctrinamiento en las clases de historia, de religión, de geografía o de lengua castellana y, en muchos casos, brazo en alto el “cara al sol con la camisa nueva, que tú bordaste en rojo ayer…”.

Las escuelas las presidia el crucifijo flanqueado por las fotos en blanco y negro del fundador de Falange y del dictador, padrino de su católica majestad. A principios de los años 80 todavía en alguna escuela quedaban los retratos, a los cuales se les había unido el del Borbón una vez retirados los símbolos fascistas. Fueron muchos los padres que intentaron con poco éxito la retirada del crucifijo, símbolo que pertenece a una determinada religión, la mayoritaria, sí, aunque hoy no puede decirse, con los datos en la mano, que España sea un país católico. En teoría, el 70% de los españoles se declara católico pero sólo un 15% pisa la iglesia de manera habitual, mientras que un 55% no la pisa como no sea por una ceremonia familiar, quedándose en muchos casos en los bares del contorno. El interés de los españoles por la supervivencia de la Iglesia Católica queda demostrado con el número de ellos que marcan la casilla de la declaración de la renta en su favor, menos de un 35%, cuando no por ello van a pagar más y a pesar de la publicidad en los medios de manipulación masiva, mientras que en otros países quien quiere contribuir a subvencionar cualquier religión debe pagar una cantidad aparte de los impuestos que tocan, caso de Alemania.

No seré yo quien prohíba ninguna religión, creencia o decisión de adorar a Cristo, a Alá o un tótem siux, pero pienso que no debo estar obligado a pagar unos espectáculos a los que no asisto. Como dicen en mi pueblo, cada cual que se pague sus propios vicios. Además, mucho menos me parece de recibo que sea la Iglesia Católica o cualquier otra religión o secta quien tenga la potestad de marcar la educación de mis hijos, que les roben horas lectivas de matemáticas o humanidades para lavarles el cerebro con una doctrina que ni ellos mismos creen. Y que eliminen educación para la ciudadanía, en la cual se inculcaban valores éticos y de respeto a las diferencias por “supuestamente” adoctrinar a los jóvenes, y en su lugar impongan la religión católica como asignatura obligatoria o, en su defecto, una asignatura basada en la moral judeo-cristiana de esa misma religión.

Tampoco soporto que mientras se despiden profesores a diestro y siniestro y se desmantela la enseñanza pública se aumente la subvención a los colegios religiosos, además de asignarle subvención a los colegios donde se discrimina a los alumnos por razón de sexo, algo prohibido por la virgen violada que es la presunta constitución “democrática” de 1978.

Este año pasado más de cien mil alumnos se quedaron sin poder acceder a la Universidad por culpa de encarecimiento de las tasas universitarias, esta semana hemos visto como muchos que pagaron los dos primeros plazos de las tasas no han podido hacer frente al tercer plazo. Es una auténtica vergüenza que se les impida examinarse por no tener dinero por culpa de los ladrones que se han llevado el dinero a Suiza u otros paraísos fiscales, mientras que el poco dinero que todavía no han robado se lo den a la Iglesia como si fuesen uno de esos personajes galdosianos que intentan comprar un rinconcito en el cielo.

La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido

Eran tiempos grises de retratos de fascistas y crucifijos en la escuela, esos tiempos han vuelto. De nuevo, son pocos los hijos de los obreros que podrán acceder a la Universidad y no por falta de cualificación o conocimientos, y tampoco aquéllos que accedan tienen asegurado el poder terminar, ni aquéllos que terminen el poder darle utilidad, al menos en España, a los conocimientos adquiridos. Eran tiempos grises que ahora se pintan de negro.

Paco Arenas

Fuente: España por la República

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