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1386. Todavía Castilla luchaba para reconquistar aquella Hispania romana que heredaran los godos, reinando Juan I. Ante la derrota de éste en Aljubarrota contra los portugueses, el duque de Lancaster, que pretendía el trono castellano aprovechó el momento para atacar y, queriendo tomar una Palencia apenas sin hombres al estar en las levas del rey Juan, las mujeres palentinas se encargaron de luchar contra los ingleses, defendiendo la plaza y ganando al de Lancaster. Lo más que logró, ya que por las armas fue vencido, es que su hija Catalina se casara con el hijo de Juan, Enrique, y para no ser menos que los anglos con el título que tenían para los herederos (príncipe de Gales), se instauró desde entonces el de príncipe de Asturias. Cosa que se lo deben, pues, a las bravas palentinas.

Placa en honor a las mujeres de Palencia

Placa en honor a las mujeres de Palencia

1589. Tras que la hereje Isabel I desdeñara casamiento no ya con Felipe II que, por cierto, fue rey de Inglaterra con todas las de la ley antes que de España, sino hasta con el apuesto Jeromín; tras la pesadez del pirata Drake de darse vueltas por nuestro litoral, ora por Cádiz, ora por Lisboa; y tras el fallido ataque de nuestra Armada (aquella que los anglos, luego y para mayor gloria propia, llamaran Invencible) y no por haber perdido en lucha que nunca fue realmente, resulta que se ponen gallos y nos hacen una contraarmada, que pocos de ellos quieren recordar, pues al glorioso sir Francis Drake se le dio la del pulpo. Especialmente en A Coruña, donde de nuevo una mujer se convierte en heroína, María Pita, que con su grito “quien tenga honra, que me siga” mató al alférez inglés que creyó que lograría plantar su pendón en la invicta ciudad. De tal exitosa campaña, los ingleses perdieron 40 navíos, lo que permitió que recuperáramos de nuevo nuestra supremacía naval.

María Pita

María Pita

1625. Lo de los validos pelotas no es sólo cosa española, y así, el duque de Buckingham alentó al rey Carlos I de Inglaterra a aliarse con las provincias de los Países Bajos para romper la llamada Pax Hispánica y empezar una broma que duró Treinta Años. Con esa pretensión absurda de que son mejores en la mar, se lanzaron al asedio y conquista de Cádiz (como principio, para darnos en lo que era la puerta de nuestras provincias del otro hemisferio) con unas fuerzas de 90 barcos y 10.000 soldados de infantería. Nuestro duque de Medina Sidonia y el gobernador de Cádiz, Fernando Girón, con la mitad de hombres, no sólo repelieron el desembarco, sino que causaron gran mortandad entre los atacantes, dejando en el fondo del mar no menos de 30 navíos enemigos. Un descalabro que les hizo pensar que mejor les salía a cuenta luchar contra los franceses de un tal Richelieu.

Defensa de Cádiz

Defensa de Cádiz

1704. La que se puede considerar pérdida y victoria, en este caso inglesa, fue de nuevo apoyada por los holandeses, y también por otros españoles enfrentados por cuestiones dinásticas. Pues en esa Guerra de Sucesión entre austracistas y borbónicos, al final todos perdimos. Y en esa, fue cuando perdimos Gibraltar. Nos quedamos mancos de una de las hercúleas columnas de nuestro blasón. Diego de Salinas, gobernador de la ciudad, apenas contaba con un centenar de hombres de armas, y viejos cañones de la época del emperador Carlos. El almirante Rooke, contaba con más de 4.000 para desembarcar y tomar la que se empecinó en ser fiel a Felipe V. La imposible defensa se intentó, no sin algún éxito para los defensores; pero viendo el gobernador el problema de las grandes bajas que se podían producir a mujeres y niños en una plaza indefendible con los medios que contaba, parlamentó con dignidad, saliendo finalmente habitantes y soldados, con armas y banderas, y con el pendón de la ciudad flameando al ritmo del parche de los tambores. Perdióse el Peñón, pero no el honor.

Diego de Salinas

Diego de Salinas

1741. Los enfrentamientos con los ingleses por supuesto que no se quedaron solo en nuestros mares, pues ambos fueron los primeros imperios que inventaron la globalización (ellos a nuestro remolque, obviamente). Y en Cartagena, la de Indias, los ingleses tuvieron una de las derrotas más tremendas habidas. Para colmo, por culpa de un guipuzcoano tullido al que llamaban “Mediohombre”, que tales llegaron a ser sus heridas como para que tal fuera su apodo. Para estar ya España en declive, los ingleses no acababan de tomar ninguna plaza en América continental, lo que les llevó a intentarlo en la próspera Cartagena de Indias, con el pretexto de agravio a un corsario pillado in flagrante delicto llamado Jenkins, al que le cortó una oreja el capitán de La Isabela que lo apresó, el cual le dijo: «Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve». Casus Belli habemus. 29 navíos, 22 fragatas, 12.000 soldados, 15.000 marineros. Y el tullido aquel, un tal Blas de Lezo, con 6 navíos y 4.000 hombres en total. Una derrota inglesa tan grande, tan enorme, tan terrible, que fue borrada de sus libros de Historia, e incluso mintieron a su población hablando de una victoria, de la que empezaron a dudar cuando aquellos victoriosos nunca llegaron de vuelta a Inglaterra.

Blas de Lezo

Blas de Lezo

1762. Una perla en el Caribe había sido objeto de permanente deseo de filibusteros y corsarios (o sea, de los hijos de la Gran Bretaña): Cuba. Desde Portsmouth y Martinica, una armada inglesa de 53 navíos de guerra y 200 de transporte, con más de 15.000 soldados, todo ello al mando del almirante sir George Pocock, se dirigió hacia La Habana. Los cañones del castillo del Morro hacen que sea más prudente desembarcar por otra zona, aunque al incompetente gobernador de la isla le dio por quemar las naves para evitar la entrada de los buques ingleses… quedándonos sin barcos y dejando la defensa al puro machete. Y no es exageración, pues el alcalde de la villa de Guanabacoa, don Juan Antonio Gómez, protagonizó la primera carga de machetes que se conoce. Desde la posición de La Cabaña, se hostiga también al enemigo. Por poco tiempo. Pero queda el castillo. Los 30 cañones del Morro contra los 143 de los cuatro buques ingleses que, libres de entrar tras la estúpida decisión de la falla naval, se arrimaron tanto para poder hacer daño, que casi se quedan sin dos de ellos, quedando sólo uno ileso. El artífice y héroe de la defensa, el santanderino don Luis Vicente de Velasco, puso tan en jaque el ataque, que las bajas de vencedores y vencidos quedó casi a la par. Una de las bajas, fue la suya. La Marina de Guerra Británica hasta entrado el siglo XX, tiraba salvas en su honor cada vez que pasaban por Noja, su tierra, pues su bravura fue honrada hasta en la Abadía de Westminster.

Luis Vicente de Velasco

Luis Vicente de Velasco

1779. Por supuesto que un paso como el del Estrecho no era lugar para ser dejado, en uno de sus extremos, a enemigos declarados como los ingleses. Ya se volvió a intentar recuperar en 1727, pero cuando verdaderamente se quiso dar el auténtico tour de force fue durante el llamado Tercer Sitio de Gibraltar, donde se intentó hacerlo por el mar con unos ingenios que, ciertamente, se adelantaron a los tiempos. Se llamaron baterías flotantes… y no nos valió de mucho, la verdad. Por tierra, batallones de las llamadas guardias valonas, dragones franceses, y artilleros españoles. Por mar, jabeques y cañoneras y, sobre todo, una flota al mando de don Juan Cayetano de Lángara para efectuar el bloqueo de suministros y que el asedio tuviera el éxito que en los anteriores no tuvo. Parecía que el sitio iba a tener tal éxito, pues la flota de socorro parecía no ser capaz de  llegar… pero llegó. En el Cabo de San Vicente 21 barcos se enfrentaron hasta la madrugada contra los 11 de Lángara que, pese a su valor, no fue capaz de evitar que el sitio se rompiera. Las diez baterías flotantes citadas, puestas con posterioridad, no sólo no fueron ningún éxito, sino que en su destrucción murió el célebre escritor don José Cadalso. Negociaciones, nuevas flotas, y acuerdos planetarios (pues jugábamos ya en un tablero global) no nos devolvieron Gibraltar, pero al menos de esa sí recuperamos Menorca.

Juan Cayetano de Lángara

Juan Cayetano de Lángara

1781. Los cambios de cromos entre el Reino Unido y España, con Francia de por medio, no acababan de gustar y, “que si te doy Florida pero márchate de La Habana”, “dame la Luisiana que tú no puedes”, “¿alguien quiere Santo Domingo?”, “Manila, nuestra, ¿no?”. Pues en ésas andábamos, cuando los casacas rojas se encuentran con su propio patio revolucionado en esas trece colonias que tenían entre territorios españoles y franceses. Y ante la ruptura de hostilidades, el gobernador de Luisiana, Bernardo de Gálvez, un probado luchador que ya venciera a los apaches junto al río Pecos y con una vida como para una trilogía de Peter Jackson, vio la ocasión de recuperar Florida. La batalla se daría… en Pensacola. Un insólito ejército de soldados de raza blanca, negra, cobriza y mestiza, desembarcaría tras neutralizar la flota las defensas británicas. Nuestra infantería de marina desaloja a los británicos a la bayoneta, mientras, en la rada, encalla el buque insignia en las defensas clavadas en el lecho, bajo las aguas. Dudas del jefe de la escuadra, un tal Irazábal, lo que hace que Gálvez se lance con su bergantín a despecho del inglés, dando ejemplo, y haciendo que la flota española entre en la bahía bramando plomo por sus bronces. Sitia la plaza y, tras dos semanas, los obuses hispanos logran abrir brechas, ganar la plaza, rendir y hacer prisioneros al general Campbell y al almirante Chester. La victoria no sólo haría recuperar Florida, sino que fue fundamental para que los rebeldes americanos pudieran ganar, así, en Yorktown, su Guerra de Independencia. De nada.

Bernardo de Gálvez

Bernardo de Gálvez

1797 – 1805. Si hay un héroe entre los marinos ingleses, ese es Lord Horacio Nelson. Al que dejamos hecho unos zorros y algo peor… En las Canarias, quiso tomar Santa Cruz de Tenerife con 4 navíos, 4 fragatas, algunos navíos más de apoyo y unos 4.000 hombres. El gobernador de Tenerife, don Antonio Gutiérrez de Otero, supo estar presto para las defensas y hasta organizar milicias, pues contaba con menos de la mitad de soldados para la defensa de la ciudad. Varios desembarcos repelidos por calles y plazas, y al final, derrota inglesa y Nelson que se queda sin brazo. Fue entonces cuando cambió de rumbo y empezó a dárselas a los franceses napoleónicos (Abukir) y, como estábamos de aliados del Empereur, pues nos tocó meternos en un plan para invadir Inglaterra; y a toparnos de nuevo con don Horacio, contando con el hándicap de que el que mandaba, un francés llamado Villeneuve, se las dio de mando pese a que estábamos en Cádiz, y que quien mejor sabía de esto y de lo otro era nuestro almirante don Federico Gravina. Pues nada, al matadero; un matadero junto al cabo de Trafalgar, y a convertir (entre otros) en héroes a Alcalá Galiano, Cosme de Churruca y a miles de soldados y marineros. Nelson muere, pero el XIX va a ser ya, inglés. Y eso nos costará un Imperio.

Antonio Gutiérrez de Otero

Antonio Gutiérrez de Otero

1806 – 1808. Un último intento por arrebatarnos territorios que aún considerábamos provincias, que por eso La Pepa de 1812 hablaba de “los españoles de ambos hemisferios”. Bueno, pues los de allá (que eran también de acá aunque faltaba poco para que quisieran dejarlo de ser… pero ésa es otra historia) dieron muestra de que no iba a ser cosa fácil. Y que dejarían, tal vez, la metrópoli, pero no para pasar de provincia a colonia. Las expediciones contra el Virreinato de la Plata, parecieron tener en principio éxito, tomando los británicos Buenos Aires, aunque fueron desalojados y reconquistada la ciudad a los 45 días por don Santiago de Liniers con un ejército venido desde Montevideo. Los británicos entonces intentaron la invasión a la inversa, esta vez desde Montevideo, siendo rechazados cuando volvieron a intentar hacerse de nuevo con Buenos Aires. El expansionismo inglés no acabaría con estas derrotas, pero ya sería para enfrentarse con otras novísimas repúblicas, donde se habían dado cuenta de su capacidad autónoma. Capacidad que a una lejana España, apenas sin flota, le quedaba ya muy lejos.

Santiago de Liniers

Santiago de Liniers

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http://tendencias.vozpopuli.com/cultura/1128-espana-vs-reino-unido-10-encontronazos-i

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