Bien abrigado llegaba al colegio,
mil novecientos setenta, hace mucho tiempo…
formados frente a una cruz y ciertos retratos
entre bostezo y bostezo, gloriosos himnos pesados.
 
 Despertábamos en pupitres de dos en dos,
aún recuerdo el estrecho bigote de Don Ramón
y la estufa de carbón frente al profesor,
la dichosa estufa que no calienta ni a Dios.
 
 Suena el timbre, al fin…
bocadillo, recreo, evasión.
Una tortura más antes del juego,
la leche en polvo y el queso americano.
 
 Sales tú y el gordo después,
te cambio los cromos, te juego al tacón.
Sales tú, la ligo yo…
apuremos el tiempo que ya nos meten dentro.
 
 Dos horas de catecismo y en mayo  la comunión,
la letra con sangre entra, otro capón;
tarea para mañana y puesto el abrigo,
otra copla a los del cuadro y hasta mañana, Don Ramón.
 
 Ahora tú qué pensarás,
si cuanto más me oprimían más amé la libertad.
Y es a ti a quien canto hoy,
enseña a tus hijos a amar la libertad.
 
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